Se entiende por sustancia química disruptora endocrina[1] (EDCs del inglés endocrine disrupting chemicals) a toda aquella sustancia química artificial con capacidad para crear una alteración del sistema hormonal en los seres vivos, provocando una modificación en el funcionamiento del sistema endocrino ya sea sustituyendo, bloqueando o suprimiendo las conexiones naturales entre las hormonas y las células.
De entre las particularidades de estas sustancias se encuentra el que ocasionan efectos a niveles extremadamente bajos, en el límite de la capacidad de análisis[2] no presentan una relación unívoca dosis-respuesta, por el contrario, pueden presentar varias respuestas a una misma causa o una causa puede provocar varias respuestas y además pueden ocurrir tras periodos de latencia de varios años.
Estos contaminantes pueden llegar a la sangre a través de la piel, por vía digestiva e incluso por vía respiratoria y distribuirse por todo el organismo, lo cual es fácil que suceda dada la magnitud de exposición a la utilización de estas sustancias. En el caso de la mujer embarazada, el problema se agudiza pudiendo ser el feto, el principal afectado y al ser tóxicos bioacumulativos y tener una baja biodegradabilidad[3], así como que las causas de los posibles desórdenes en la salud son multifactoriales, el daño no se detecta hasta demasiado tiempo después, lo cual resulta especialmente alarmante teniendo en cuenta que la exposición es masiva, continuada y global.
Las EDCs, pueden estar presentes por ejemplo, en contenedores para la alimentación, ya sean fiambreras, botellas, vajillas, en los complementos de vestir y calzar, en productos de cosmética y perfumería, por ejemplo el común esmalte de uñas, la crema hidratante o el gel de ducha, en maquillajes, en juguetes infantiles, biberones, chupetes, en materiales de construcción, en latas de refrescos, en las unidades de terapia intensiva neonatal, se pueden encontrar en las bolsas que contienen productos de la sangre (plaquetas, glóbulos rojos, etc.) en incluso en los tubos que transportan estos fluidos y oxígeno, en pesticidas de la fruta, en la combustión de los vehículos con los que convivimos diariamente, así como en tantísimos otros.
El informe de la OMS[4] ya en el año 2002, evidenciaba los efectos perjudiciales a la exposición de los disruptores endocrinos en el ecosistema mundial, tanto para la salud humana y animal como para el medio ambiente en su totalidad. Efectos y desórdenes provocados que se pueden ir consultando en detalle en los artículos que iremos publicando, así como formas de minimizar el riesgo de exposición a éste tipo de contaminantes en las rutinas diarias de la ciudadanía en general.
[1] Fernández, Mariana Fátima , y Nicolás Olea. «Disruptores endocrinos, ¿suficiente evidencia para actuar?» Gac Sanit 28, nº 2 (2014): 93-95.
[2] Márquez, Eva María Moreno, y Azucena Núñez Álvarez. «Disruptores endocrinos, un posible riesgo tóxico en productos de consumo habitual.» Unirevista.es (Ciencias ambientales de la Universidad de Huelva), 2012: 1-10.
[3] A. Rivas, A. Granada, M. Jiménez, F. Olea, i N. Olea. «Exposición humana a disruptores endocrinos.» Ecosistemas 13, núm. 3 (09 2004): 7-12.
[4] World Health Organization. «Global assessment of the state-of-the-science of endocrine disruptors.» 2012. https://www.who.int/ipcs/publications/new_issues/endocrine_disruptors/en/ (último acceso: 09 de 01 de 2019).

